Reflexión del sector empresarial OAT con el COVID-19

La pandemia del COVID-19 nos está dejando una serie de lecciones que, si aplicamos como enseñanza, pueden ser las nuevas oportunidades para un sector tan golpeado como es el de los Organismos de Apoyo al Tránsito (OAT).

Organismos de apoyo al tránsito en tiempo de pandemia

Valdría la pena revisar (cosa que haremos en otra oportunidad) todos los cambios normativos que a lo largo de los dieciocho años que lleva aplicándose la ley 769 de 2002, mejor conocida como el Código Nacional de Tránsito, han reconfigurado no solo su estructura y composición, sino las mutaciones y cambios supeditados a la voluntad de empresarios que los entes de control han acogido porque buscan lo mejor para su actividad, lo mejor para su gremio y lo mejor para la seguridad vial del país. No debemos olvidar el intrincado camino que han tenido que recorrer estos empresarios para poder darle forma y materializar su emprendimiento, pensando como todo el que quiere progresar, crear empresa, dar empleo digno, pagar impuestos y hacer un nombre.

La incansable labor de los Organismos de Apoyo al Tránsito

Nada ha sido fácil en el sector Organismos de Apoyo al Tránsito. Inclusive, el crecimiento exponencial de una actividad que se deriva de una alta demanda de servicios, no ha sido suficiente para poner en verdadero riesgo de saturación a cada una de las actividades conexas desarrolladas por los conocidos OAT. En tan solo una de ellas, como son las Secretarías de Tránsito, (entes de carácter público encargados de definir las políticas de Movilidad a través de la planeación, diseño, coordinación, ejecución institucional y de movilización que debe administrar todo alcalde dentro de su municipio),  se ha podido comprender que deben crearse en cada entidad territorial, dado que, y según fuentes oficiales, más del 50% de nuestros municipios, carecen de autoridad de tránsito especializada que pueda aplicar las políticas que desde el nivel central y el gobierno se establecen.

Por tanto, es una solicitud que desde el gobierno y a través de sus entidades descentralizadas como la ANSV han recomendado a los burgomaestres para incluir en sus planes de desarrollo y así poder aplicar soluciones que deriven en la mejora de las estadísticas de seguridad vial, que en la actualidad deja más de 6500 muertes y 45.000 heridos por año (según informes del INMLCF y el Observatorio Nacional de Seguridad Vial -ANSV). Y es que los organismos de apoyo al tránsito – OAT, se convirtieron en los aliados del gobierno para atacar la siniestralidad vial.

OAT Salvando Vidas

Desde la formación que se realiza en los Centros de Enseñanza Automovilística CEA, la evaluación médica que realizan los Centros de Reconocimiento para Conductores CRC, la revisión de vehículos que se lleva a cabo en los Centros de Diagnóstico Automotor CDA y las capacitaciones a infractores llevadas a cabo por los Centros Integrales de Atención CIA, se propende por cumplir día a día una misión fundamental en la política pública nacional y es la de SALVAR VIDAS. Es por ello, que una situación de fuerza mayor venida de la naturaleza como ha sido el COVID-19, más allá de su peligrosidad, ha puesto a los OAT en una situación sin precedentes en su capacidad empresarial.

El daño y pérdidas del sector se calcula en más de 150.000 millones de pesos, sin incluir otras pérdidas de actividades conexas difíciles de calcular como el de autopartes, dotaciones médicas, papelería y demás.

La crisis de Organismos de apoyo a tránsito en la pandemia

Sobrevivir con los brazos caídos y sin ejercer la actividad, es la mayor prueba que ha visto esta colectividad que agrupada, suma alrededor de 2.000 empresas y genera sustento a más de 25.000 empleados directos y 20.000 indirectos. El daño y pérdidas del sector se calcula en más de 150.000 millones de pesos, sin incluir otras pérdidas de actividades conexas difíciles de calcular como el de autopartes, dotaciones médicas, papelería y demás, que se vuelven mucho más difíciles de encajar y deben ser medidas por otro sector industrial, pero que no por eso, se pueden obviar y entran a engrosar la gran crisis económica desatada por el virus.

A raíz de la declaración del estado de emergencia Sanitaria presentada por el Ministerio de Salud y de Protección Social mediante la Resolución 385 del 12 de marzo de 2020 y que obligó a la presidencia de la república a adoptar todas las medidas necesarias para evitar un eminente descalabro social, declarando por ello el 17 de marzo de 2020 el “Estado de Emergencia Económica,  Social y Ecológica en todo el territorio nacional”, el gobierno, ha procurado suplir deficiencias  de cobertura en salud y prevención.

Cabe resaltar que la falta de preparación puede adjudicarse en gran parte, al resultado de la inadecuada gestión de gobiernos anteriores que no tenían clara la necesidad de presentar planes de prevención contra amenazas a la salud colectiva de los ciudadanos, como quiera que este tipo de agentes patógenos son comunes en el mundo y pueden crear (como en efecto pasó) una pandemia de grandes proporciones como la vivida hoy en día a causa del COVID-19 y que cada día pone a pensar a más de un empresario si es mejor, quedarse en casa o salir de ella y procurar recuperar su vida laboral y sus ingresos.

Un nuevo enfoque

El gobierno tiene la difícil tarea de encontrar el camino que lleve a la ciudadanía a levantar el ánimo y recuperar su economía, para así demostrar lo fuertes que somos y la innata capacidad de superación de adversidades con la que cuenta todo nacional colombiano. La fuerza, el pundonor, el orgullo, pero ante todo la humildad, humanidad y deseo de superación, serán las virtudes que florecerán en cada civil. La “Berraquera” característica, permitirá más temprano que tarde, a todos los colombianos, superar esta crisis y podremos mirar atrás en el tiempo y decirnos con orgullo “lo logramos”.

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